Arquitectura Tradicional

Más allá de las iglesias, castillos y grandes edificios mudéjares, en nuestros pueblos existe otro patrimonio que pasa mucho más desapercibido, pero que también tiene un gran valor. Se trata de la Arquitectura Popular.

Esta arquitectura, anónima y humilde, define el contexto en el que han surgido los monumentos y forma un paisaje sin el que no tienen sentido. Durante generaciones, ha sido el marco en el que se ha desarrollado la vida cotidiana de la gente común, que la ha ido moldeando de acuerdo con sus aspiraciones y necesidades. Es una pieza indispensable de la identidad de los pueblos y de la memoria de sus habitantes. Es una arquitectura basada en la optimización y en el empleo de los recursos disponibles en el entorno. En este territorio ha evolucionado a partir de cuatro materiales básicos: la tierra, el yeso, la madera y la caña. Gracias al uso continuado de las técnicas generación tras generación, la arquitectura tradicional ha ido siendo perfeccionada hasta responder de forma óptima al contexto ambiental y socioeconómico concreto de cada lugar.

Por otra parte, la utilización de materiales locales – normalmente muy poco transformados – permite que esta arquitectura se integre en su entorno de una manera que es prácticamente imposible de conseguir utilizando materiales modernos y le aporta un ciclo de vida limpio que le permite degradarse y volver al medio sin apenas dejar huella.